Octubre, 2026.
En el municipio de Tona, Santander, mujeres caficultoras vinculadas al programa miPáramo participaron en una jornada pedagógica de agroforestería dinámica orientada a explorar nuevas formas de producir café mediante sistemas más diversos, funcionales y adaptados a las condiciones del territorio.

La actividad hace parte del proceso de fortalecimiento del grupo de mujeres cafeteras de Tona y de la incorporación de medidas de resiliencia climática en sus sistemas productivos. Su propósito no fue presentar una receta única para transformar las fincas, sino brindar principios y herramientas que permitan a las productoras observar sus propios sistemas, comprender mejor las relaciones entre sus componentes y tomar decisiones de manejo de acuerdo con las condiciones particulares de cada predio.
Esta aproximación resulta especialmente pertinente en un municipio como Tona, donde la actividad productiva convive con ecosistemas de montaña de gran importancia para la regulación hídrica regional. Por esta razón, el diseño de sistemas productivos debe considerar conjuntamente la producción, la conservación del suelo, el manejo del agua, la biodiversidad y la relación con los ecosistemas de alta montaña.
¿Qué significa trabajar con agroforestería dinámica?
La agroforestería dinámica busca combinar cultivos agrícolas, árboles, arbustos, especies de servicio y otras plantas dentro de un mismo sistema, reconociendo que cada especie cumple determinadas funciones y ocupa diferentes espacios y momentos en el tiempo.
Durante la jornada se trabajaron principios como diversidad, estratificación, sucesión, cobertura del suelo, producción y manejo de biomasa y manejo dinámico de la vegetación. La metodología partió de la experiencia de las propias participantes antes de introducir estos conceptos técnicos, de manera que pudieran relacionarlos con situaciones que encuentran cotidianamente en sus fincas.
Uno de los conceptos centrales fue aprender a pensar el cultivo como un sistema que cambia con el tiempo. Algunas especies tienen ciclos cortos y pueden producir alimentos o biomasa rápidamente; otras permanecen durante varios años y ocupan diferentes estratos; y otras constituyen elementos de más largo plazo dentro del sistema. La matriz empleada durante el ejercicio organizó precisamente las especies de acuerdo con sucesión temporal y estrato, desde etapas iniciales de pocos meses hasta especies asociadas con sistemas más maduros.
Esta mirada permite que el café deje de concebirse como un cultivo aislado y pueda integrarse progresivamente con otros componentes que desempeñan funciones productivas y ecológicas.


Del concepto al diseño participativo
Después de abordar los principios básicos, las participantes desarrollaron un ejercicio colectivo de diseño. Mediante tarjetas de especies y elementos gráficos identificaron cultivos existentes, posibles especies asociadas, espacios disponibles, estratos y relaciones entre los diferentes componentes del sistema. Posteriormente llevaron estos aprendizajes a un ejercicio práctico de organización espacial, evaluando aspectos como ubicación, función, competencia, cobertura, biomasa y sucesión.
La diversidad fue un elemento fundamental de este ejercicio. Las fichas utilizadas incluyeron especies con diferentes ciclos y funciones: árboles y frutales como guama, chirimoya o zapote; especies productoras de biomasa como aro, árbol loco y botón de oro; cultivos de ciclo intermedio como tomate de árbol y uchuva; aromáticas como romero, menta y lavanda; y especies de ciclos más cortos como guandul, cúrcuma, jengibre, ahuyama, cilantro y rábano.
El objetivo no es incorporar todas estas especies indiscriminadamente. La selección debe responder a las condiciones ambientales del predio, la disponibilidad de material vegetal, los intereses de cada familia y, de manera muy importante, a la capacidad real de manejo de la productora.
Una parcela para aprender haciendo
La jornada está articulada con el diseño de una parcela de aprendizaje agroforestal en una finca cafetera de Tona. Este espacio demostrativo busca integrar el conocimiento y la experiencia de la productora anfitriona con recomendaciones técnicas adaptadas a las condiciones específicas del predio y servir posteriormente como lugar de aprendizaje e intercambio para otras mujeres cafeteras.
El prototipo contempla al café como cultivo principal y su asociación progresiva con especies frutales, árboles y arbustos para producción de biomasa, aromáticas, cultivos alimentarios y otras especies de ciclos diferentes. La propuesta incluye además el uso de materia orgánica, coberturas vegetales y aprovechamiento de agua lluvia.
Más que establecer una composición rígida, la parcela funcionará como un laboratorio vivo. Su manejo contempla observar qué funciona, registrar los cambios y realizar ajustes de acuerdo con la respuesta de las plantas, las lluvias, las condiciones del suelo y las posibilidades de manejo de la familia productora. De hecho, la ficha técnica establece explícitamente que las recomendaciones deben validarse en campo y ajustarse a las condiciones reales del predio y a los recursos disponibles.
Suelo, agua y resiliencia climática
Una parte fundamental de la agroforestería dinámica es mantener el suelo protegido y aprovechar los procesos naturales que ocurren dentro del sistema. Por ello, entre las prácticas trabajadas se encuentran el manejo selectivo de arvenses, el mantenimiento de cobertura, las podas y reincorporación de biomasa, la regulación de sombra, la asociación de cultivos y el manejo del agua.
Estas prácticas buscan conservar humedad, aportar materia orgánica, disminuir la exposición directa del suelo y favorecer la infiltración y el uso eficiente del agua. En un contexto de mayor variabilidad climática, contar con sistemas productivos más diversos y con suelos permanentemente protegidos puede contribuir a aumentar la capacidad de las fincas para enfrentar periodos de déficit hídrico, lluvias intensas y variaciones de temperatura.
El aprendizaje sobre resiliencia, además, no se planteó únicamente desde la dimensión biofísica. Durante el segundo bloque del taller las participantes construyeron colectivamente un calendario agroforestal, comparando prácticas de manejo convencional y agroecológico y reflexionando sobre las decisiones necesarias para optimizar sus sistemas cafeteros ante escenarios de variabilidad climática. La jornada cerró con un círculo de palabra para recoger las reflexiones de las mujeres sobre este proceso de transición.

Una acción territorial que conecta producción, conservación y personas
Esta experiencia representa una manera concreta de llevar el enfoque de miPáramo a la escala de las fincas. La conservación del agua y de los ecosistemas de montaña no depende únicamente de proteger determinados espacios del territorio; también implica acompañar a quienes viven y producen en él para que puedan fortalecer sistemas productivos compatibles con su conservación.
En este caso, la agroforestería se articula además con un proceso más amplio de fortalecimiento de las mujeres cafeteras de Tona. Incorporar el enfoque de Igualdad de Género e Inclusión Social —GESI— significa reconocer que la adaptación climática no depende solamente de disponer de una buena tecnología o de nuevas prácticas productivas. También depende de quién puede participar en las decisiones, quién tiene acceso al conocimiento y a los recursos y cuánto tiempo y capacidad tienen las personas para implementar y sostener los cambios.
Por eso, el valor de esta jornada va más allá de aprender dónde sembrar una especie o cómo manejar la cobertura. Se trata de fortalecer capacidades para leer el territorio, experimentar, intercambiar conocimientos y tomar decisiones colectivamente, reconociendo a las mujeres rurales como protagonistas de la transformación de sus fincas y de la gestión sostenible del territorio.
