A través de la instalación de cámaras trampa en predios vinculados a miPáramo, familias campesinas y equipos técnicos de la Alianza BioCuenca registran especies de fauna nativa en Santander y Norte de Santander, consolidando la protección del bosque altoandino y las fuentes hídricas.

El cuidado de las cuencas altas va más allá de delimitar áreas protegidas; requiere entender la vida que transita en ellas y trabajar de la mano con las comunidades rurales. En los municipios de Tona (Santander) y Mutiscua (Norte de Santander), la Alianza BioCuenca viene desarrollando ejercicios de monitoreo biológico comunitario para registrar la biodiversidad presente en los predios bajo acuerdos de conservación de la iniciativa miPáramo.
La estrategia combina tecnología no invasiva con apropiación social, permitiendo a las familias campesinas participar directamente en la instalación, revisión y cuidado de los dispositivos que registran la fauna local.
Tona: articulación institucional y ciencia ciudadana en la cuenca alta
En Tona, la iniciativa comenzó con la instalación de 20 cámaras trampa distribuidas en 20 predios ubicados en la cuenca del río Tona, en un trabajo conjunto con la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB).
«Nos encontramos en el municipio de Tona iniciando el piloto de biodiversidad. Junto con la autoridad ambiental CDMB, estamos articulando la instalación de 20 cámaras en 20 predios de la cuenca del río Tona, con el objetivo de levantar una línea base sobre la fauna presente en el territorio», explicó Angie Saavedra, Directora de Capital Natural de la Alianza BioCuenca.
El biólogo de la Alianza BioCuenca, Juan José Fernández, detalló el funcionamiento de los equipos, los cuales cuentan con sensores de movimiento y visión nocturna programados para capturar secuencias fotográficas y de video sin alterar el comportamiento de los animales:
«Esta herramienta nos permite identificar cuál es la fauna que transita los predios, descubriendo especies clave para los servicios ecosistémicos en ecosistemas de páramo, subpáramo y bosque altoandino. Esto es fundamental para establecer conectividades biológicas y armonizar la conservación con los sistemas productivos», señaló Fernández.
Por su parte, Jasmilly Benavides, de la CDMB, destacó el valor de involucrar activamente a los propietarios en el ejercicio técnico:
«En este monitoreo participativo, las comunidades aprenden a manejar las cámaras y ven qué recorre sus territorios. Estos núcleos y corredores de conservación no solo permiten sumar esfuerzos, sino multiplicar resultados para asegurar que los sistemas productivos sean sostenibles», afirmó Benavides.


Para las familias de la zona, el ejercicio representa una oportunidad para redescubrir su propio entorno. Luis Portilla, beneficiario del proyecto miPáramo en la vereda Babilonia de Tona, valoró el aprendizaje compartido:
«Para mí tiene un significado muy grande, porque hemos querido identificar las diferentes especies y decirle a las personas que nos visitan con qué fauna contamos. Por la zona hemos visto osos hormigueros, armadillos o tinajos, y sabemos que detrás vienen animales más majestuosos como el puma o felinos. Queremos conocer cómo se equilibra el ecosistema», relató Portilla.
Mutiscua: hallazgos y apropiación comunitaria por el agua

En Norte de Santander, la experiencia en el municipio de Mutiscua ha arrojado registros que confirman la efectividad de las áreas bajo conservación. Las jornadas periódicas de campo no solo permiten revisar el estado técnico de los equipos y descargar el material capturado, sino corroborar que los acuerdos de preservación se mantengan vigentes.
Los testimonios de los productores reflejan el impacto de verse reflejados en el cuidado de la fauna silvestre. Rafael Cañas, participante de miPáramo en la vereda El Aventino, resaltó la relación directa entre el bosque, los animales y el agua:
«La experiencia con las cámaras trampa ha sido muy buena porque hemos visto la diversidad de animales que hay en nuestros bosques, especies que ni sabíamos que estaban. Eso nos motiva a no talar, a conservar las orillas de las quebradas y los ríos para que el agua no se evapore en verano y las futuras generaciones puedan disfrutar de esta riqueza», expresó Cañas.
En la vereda La Plata, Duván Rojas Bautista coincidió en el valor educativo del proyecto:
«Hemos descubierto especies y aves de las que no teníamos conocimiento en la zona. Este proyecto ha sido muy enriquecedor para nuestras vidas y nos ayuda a comprometernos mucho más con la conservación de cada una de ellas», indicó Rojas.
Datos que respaldan los acuerdos de conservación
Las revisiones del material fotográfico en estos municipios han permitido registrar mamíferos esquivos al contacto humano, tales como venados, tigrillos, zorrillos y una amplia diversidad de aves andinas.
Al cierre de las jornadas, Angie Saavedra reiteró la relevancia de consolidar estas evidencias en el tiempo:
«Durante los seguimientos nos hemos llevado gratas sorpresas al encontrar especies que la misma comunidad no sabía que habitaban aquí. Registrar mamíferos como venados o tigrillos, que rehúyen la presencia humana, indica que las áreas de preservación están funcionando. Lograr que las comunidades se apropien de las cámaras y del monitoreo fortalece la conciencia sobre por qué cuidamos los bosques», concluyó Angie Saavedra.
Con estas acciones, la Alianza BioCuenca ratifica que la conservación de las cuencas hidrográficas es un proceso integral: proteger los nacimientos de agua implica resguardar el bosque, garantizar la conectividad para la fauna silvestre y asegurar condiciones dignas para las comunidades rurales que custodian las montañas.




